La carrera hacia un sueño: Interina, opositora, PROFE.

Esta historia se remonta a cuando empecé a tener uso de razón, desde aquel entonces ya jugaba a ser profesora. Una cosa tenía clara, a que quería dedicar mi futuro, aunque lo que aún no sabía es que el camino para conseguirlo, no era fácil.

Decidí estudiar biología, ya que, enseñar en secundaria y bachillerato me llamaba mucho más la atención que la primaria y además, la asignatura de biología en concreto era la que más me había gustado durante mi época de estudiante (tengo que nombrar culpable de ello a una fantástica profesora descubriendo así, lo importante que puedes llegar a ser para tus alumnos). Así fue: estudié la Licenciatura de Biología, con una idea muy clara, poder ser profe al terminarla.

Los primeros pinitos como profesora llegaron pronto, aunque estos fueron como profesora de matemáticas en un cole concertado. Recuerdo que, en 4º de ESO, cuando entraba en clase, debía borrar la pizarra llena de células eucariotas, placas tectónicas y fibras de ADN, para explicar ecuaciones, funciones y trigonometría y, aunque hacía lo que me gustaba, ser profe, deseaba no tener que borrar aquella pizarra para seguir explicando yo la asignatura del profe anterior.

Mi contrato en la concertada terminaba, era solo por un año y como no sabía que me deparaba el futuro, comencé a opositar. Partía de la línea de salida para adentrarme en la maratón más larga del mundo, cuya meta está en algún lugar que aún no he alcanzado, pero prometo alcanzar.

Largo camino: imágenes, fotos de stock libres de derechos | Depositphotos

Como todo opositor que comienza su “carrera de fondo”, yo estaba muy perdida y decidí apostar por una academia. En este caso, era una academia presencial donde preparaban tanto teoría como práctica. En aquellos tiempos, la oferta para la preparación de mi especialidad no era demasiado amplia y escogí una clásica, generalista que había en mi ciudad. Conseguí resumir muchos temas, pero en febrero de ese curso (2014), la especialidad de Biología y Geología, volvía a no aparecer en la convocatoria. Mis oposiciones se paralizaban, ya que no le veía demasiado sentido seguir estudiando a dos años vista.

 Por suerte, siguieron apareciendo contratos en la concertada y esta vez si, explicando mi asignatura por primera vez, sintiéndome plenamente realizada.

En el curso 2015/2016, aunque trabajando, volví a la carga. La experiencia con la academia no había sido demasiado buena ya que iban dando los temas y las prácticas como a ellos les iba pareciendo y había “semanas muertas” donde no tenía teoría para resumir puesto que, los dos temas que me habían proporcionado no eran nada afines a mi y no los iba a estudiar. Por ello y ante la poca variedad de academias que había en mi ciudad (tampoco se estilaba demasiado lo online) decidí comprarme un temario y un práctico y hacer los temas por mi cuenta, preparando el práctico con lo que ya tenía y lo que me había comprado. Lo mismo con la programación didáctica, dónde de vez en cuando, también me ayudaba de una preparadora.

Esas oposiciones, la de 2016, hubo suerte: con 30 temas preparados (25 bien y otros 5 de reserva), conseguí aprobar con una nota total de 7,2 (luego os contaré mi experiencia con los temas y el práctico de este año). Entraba en bolsa y eso era muy importante, aunque los compañeros, que venían de años muy malos de oposiciones e interinidades aseguraban que era muy complicado que trabajáramos siendo aspirantes. Ese curso, iba viendo como la bolsa se movía, se movía bastante, aunque no lo suficiente como para llegar a trabajar antes que acabara (abajo el Excel que me hacía cuando se actualizaba la bolsa). Por suerte, yo seguía trabajando en la concertada por lo que la espera no fue tan dura.

Posición en la bolsa durante el curso 2016/2017

Llegó septiembre de 2017 y había que plantearse el volver a estudiar. Ese curso ya se hablaba de muchas más plazas que en años anteriores, así que había que volver a la carga y estudiar desde el principio. Cual fue mi sorpresa ese curso, cuando desde principio, la bolsa comenzó a descender muy rápido, tan rápido que no me dio tiempo a reaccionar cuando RECIBÍ LA LLAMADA: Era 29 de septiembre y me tocaba viajar hasta Aguadulce (Almería) para cubrir una baja maternal en un centro bilingüe. Había llegado el momento. Dejé la concertada en la que estaba trabajando (con mucha pena por mis compañeros y alumnos) y sin pensarlo dos veces me dirigí a mi primer destino: ERA INTERINA. Un centro fantástico con cursos estupendos y hasta ¡jefa de departamento!.

La interinidad acabó en navidad y después de esta, rápidamente tuve la ansiada llamada para, en esta ocasión, informarme que tenía por delante una vacante por jubilación en Sanlúcar de Barrameda (Cádiz). Esta interinidad fue muy diferente a lo que conocía hasta ahora, ya que era en educación de adultos. Una experiencia muy diferente, en un centro nocturno, pero donde pude aprender mucho de mis alumnos, más de lo que ellos pudieron aprender de mi.

Pero ese curso hubo oposición de nuevo y esta fue mucho más complicada de preparar ya que estuve todo el curso trabajando. Aún así, la oposición de 2018, ha sido la que más cerca he estado de la plaza. Tan cerca, que por nota la hubiera tenido, pero al unir con el baremo, me convertía en una de las primeras notas sin plaza. Era lógico, no tenía tantos méritos como mis compañeros de tribunal.

Tras esto, mi historia como interina ha sido mucho más sencilla. Los siguientes tres cursos, he tenido vacantes. Siempre me he considerado MUY afortunada en este mundo docente. Desde septiembre de 2017 no he parado de trabajar en centros públicos, sin moverme demasiado por Andalucía, en centros fantásticos, con alumnos excelentes y compañeros que llevaré en mi corazón siempre.

Las oposiciones de 2020 (2021 tras la pandemia), si que se convirtieron en las más difíciles de preparar de las que llevo hasta ahora. Durante el curso 2019/2020, impartía 5 asignaturas diferentes en 5 niveles diferentes por lo que preparar mis clases y las oposiciones era una misión casi imposible. La pandemia las paralizó e incluso, me atrevería a decir que no me vino ni mal. El curso 2020/2021, aunque con menos grupos, también ha sido un curso muy complicado, donde la nueva realidad pandémica, los ámbitos y la semipresencialidad hizo que el trabajo burocrático y de atención al alumnado, hiciera que el tiempo para estudiar también fuera escaso. Por otro lado, el número de plazas no acompañaba, era bastante desmotivante estudiar sabiendo que tenía que rozar la excelencia con mi tiempo de servicio.

Aún así, he sacado horas de dónde no las había y conseguí llegar a Junio con 20 temas en el bolsillo y el práctico mucho mejor preparado que otras veces gracias a Quercus oposiciones, una academia que llegó a mi vida por casualidad y la cual os recomiendo muchísimo (os dejo la reseña que hice en Instagram sobre ellos). Gracias por todo una vez más, no solo por lo académico, sino también por lo personal. Sois geniales.

Pero estas oposiciones, no han sido lo esperado a pesar del pronóstico. Salió mi tema favorito; ese tema, que, cuando te preguntan “¿qué tema quieres que te salga”? dices que ese. Escribí y escribí y escribí, tanto que el tiempo se me echó encima y el práctico no fue todo lo bien que me hubiera gustado, sobretodo por qué no me tuve tiempo para repasarlo. Hice los ejercicios tan rápido que no pude explicarlo como debiera. Aun así, tras revisarlos a la salida, me di cuenta que lo tenía mejor de lo que pensaba.    

Estaba feliz, me puse a retocar programación, la cual tenía preparada, pero en la que debía mejorar algunos aspectos.

El día 1 de Julio apareció en el tablón del opositor, primero la lista de aquellos aspirantes que pasaban a la segunda prueba y mi sorpresa es que yo no estaba en esa lista. Supuse que el práctico había sido fatídico y no había llegado al 2,5 para que me hicieran media (aunque ya había algo raro, cuando solo 16 de 96 personas habían superado la primera parte). Cuando al rato aparecieron las notas, cual fue mi sorpresa al ver que tenía un 3,9 en el teórico. Quién me conoce, sabe que soy bastante negativa, pero esta vez mis sensaciones eran buenas. Evidentemente, hubo cosas que tuve que “resumir”, pero creo que mi tema estaba muy equilibrado y correcto.

¿Qué había hecho mal?

Después de dar muchas vueltas a, si debía o no ir al tribunal, necesitaba una explicación, así que, conduje 3 horas hasta mi tribunal buscando, no el aprobado (os prometo que no buscaba más nota) sino conocer qué podía haber hecho mal en mi tema favorito, para no llegar ni siquiera al 6 para hacerme media. Necesitaba saber que NO debía volver a hacer en 2023.

Llegué a Jerez y en un primer momento, no me quieren atender. Me dicen que se ha pasado el plazo de alegación. ¿Hola? ¿Desde cuándo tenemos de eso en Andalucía? No me muevo del tribunal y espero a que vuelvan de desayunar. Por humanidad (y porque mi madre los cogió por banda), me atienden. Ese tribunal que tanto miedo nos da, son personas, profes como nosotros. Fueron buenas personas y me escucharon durante más de 15 minutos. Necesitaba desahogarme. Aún así, no pudieron decir nada sobre los criterios de corrección, nada sobre qué esperaban del tema 55. Ni mucho menos, fueron a comprobar mi examen (no se quedaron con ni mi nombre para verlo posteriormente). A todo, la respuesta era NO. Tenían prohibido hablar de cualquier cosa del examen. Aún así, agradezco muchísimo el rato que me dedicasteis y lo siento si os hice pasar un mal trago. Sois profes, y 5 de 6 no habéis elegido pasar vuestras vacaciones allí.

Fui a delegación a poner una alegación por la oscuridad y la falta de transparencia del proceso. No me atendieron, iba por cita y ya no había (ni siquiera lo comprobaron en un ordenador). Me dijeron que mi labor como opositor era fiarme de mi tribunal. La alegación la envié a través de correo certificado. Era lo único que podía hacer para descansar en paz. IMPOTENCIA, palabra que resume mi proceso selectivo. Coraje de no saber que pude hacer mal. Tristeza de no conocer la forma de mejorar en el futuro

A través de la asociación Opositores Reclaman, seguimos luchando por un proceso selectivo más justo, transparente, donde se nos deje ver nuestro examen y se nos permita conocer nuestros fallos. Somos profesores, tenemos unos deberes con nuestros alumnos. Enseñamos exámenes, damos explicaciones a familias, revisamos cuando se nos pide. ¿Qué menos que nuestro proceso sea un ejemplo de los que somos?

Y así acaba mi experiencia en las oposiciones de 2020/2021… pero el post sigue.

MI EXPERIENCIA EN…

Examen teórico

Las tres veces que me he presentado he tenido suerte, aunque con suerte me refiero a salirme la “bolita”. He llevado preparado una media de 20 temas lo que representa una probabilidad del 80% de que en el sorteo aparezca un tema que te sabes.

Siempre me habían dicho la frase de: “no hagas un tema que vaya a hacer todo el mundo”. Nunca le he hecho mucho caso a esa frase, ya que las tres veces he hecho temas muy suculentos para los opositores.

2016 y 2018: Tema 63. Genética mendeliana. Un tema clásico si has estudiado genética durante la carrera o has impartido la asignatura de 2º de bachiller. Un tema largo, muy largo, pero al que me he aventurado dos veces. Las dos he escrito exactamente lo mismo: resultado: en años diferentes pasé de un 7 a un 9. Con ello quiero decir que, para brillar, no hace falta hacer el tema más difícil de la oposición. Va a depender muchísimo de cómo corrija el tribunal o incluso de lo que hagan los demás. El primer año de 4 bolas tuve 2 que podía defender. El segundo año, de 5 bolas podía defender una y media.

En 2020, sólo apareció un tema que podía defender. El tema 55: El medio interno: la sangre, la linfa y los líquidos intersticiales. Me lo sabía genial, escribí muchísimo pero el resultado ya lo sabéis.

Examen práctico

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En tres años, he visto como esta parte del examen ha ido incrementando en dificultad. En el primer año, los ejercicios eran muy sencillos, sin visu (solo un ejercicio de categorización taxonómica). El segundo año ya, si que hubo visu y problemas donde comenzábamos a ver que la cosa se complicaba. Enzimología, genética de poblaciones e incluso un ejercicio que a día de hoy sigo sin conocer su respuesta.

Este año, sin duda, ha sido el más complejo. Problemas de la carrera y un visu de especies que nada tiene que ver con lo propuesto hasta ahora.

El tribunal: Programación didáctica y unidades

De los dos años que me he presentado a esta parte del examen, tengo muy buenas sensaciones. Los nervios al principio son traicioneros pero en cuando empiezas a rodar y ves que tu tribunal está atento con lo que dices, el tiempo pasa volado (demasiado rápido para todo lo que hay que decir). Mi recomendación es que ensayéis muchísimo, a poder ser, con personas reales delante, gente de confianza, los cuales puedan decirte fallos, expresiones o manías que debes corregir. A poder ser, ensaya en una pizarra para que ese día la controles a la perfección.

Creo que es la prueba que más nos representa dentro de todo el proceso de oposición. Aunque también es memorística como las pruebas anteriores al menos, se demuestran unas habilidades, como la capacidad de transmitir y de llegar a los demás, que tan importante es en nuestra profesión. A mi parecer, esta prueba debería ser obligatoria para todos los opositores como prueba principal.

Seguir opositando, la carrera no ha terminado.

Y si, van muchos años opositando, muchos años invertidos, muchos años que he dejado de hacer cosas que me gustan (aficiones, familia, pareja, amigos) o he descuidado mi trabajo por opositar. Muchas veces lo piensas y no sabes por qué sigues ahí. Luego se te vienen cosas a la cabeza como: coger a tus alumnos en 1º de ESO y graduarlos en 4º, desarrollar un proyecto que tenga duración en el tiempo o continuar con tus compañeros a los que tanto cariño has cogido.

Es por ello que este camino hacia la meta debe continuar. He asumido, que he tomado el camino largo, el que tiene curvas y baches, pero es verdad, que por suerte, el camino está siendo maravilloso y él, he encontrado personas, experiencias, alumnos, compañeros y amigos maravillosos. He podido vivir en otra ciudad, una ciudad preciosa llamada Cádiz, que me ha abierto muchas puertas a nivel profesional no solo en la enseñanza. Me ha dejado volver a mi ciudad natal (Málaga) para seguir mi camino junto a mi familia y amigos.

Camino recto y curvo | Vector Gratis

Seguiremos aprendiendo de este camino mientras lucho por llegar a la meta. Mientras tanto, seguiré haciendo lo que más me gusta: ENSEÑAR.

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